Esto lo escribió mi maestro y amigo Iván Gatón, en el 2010.
¡Cuánta actualidad sigue teniendo!
 
 
García Márquez y la Vocación del Ser


Por: Iván Ernesto Gatón

Muchos años después, frente a las puertas de un año más de vida, maravillándome de la impresión que Gabriel García MárquezGabriel García Márquezsufriera Aureliano Buendía al descubrir el hielo, vuelvo a adentrarme en el recóndito y maravilloso mundo del más ilustre hijo de Aracataca, Gabriel José García Márquez. En esta ocasión, me doy cuenta, a través de sus escritos, especialmente Cien Años de Soledad, de algunos detalles de su vida y obra, que hacen reconfirmar el apotegma cristiano, descrito en la Carta de Santiago, hermano de Jesús, y primer obispo de Jerusalén, quien escribió: Hermanos, la fe son obras.

El único escritor latinoamericano que ha trascendido a la universalidad del cosmos con sus escritos, es una inequívoca demostración de la entereza, determinación, y conciencia absoluta de la única condición, que a decir de él, ha podido vencer al amor: la vocación. Esta, refiere García Márquez: "Se trae dentro, desde que se nace, y contrariarla es lo peor para la salud". En una sociedad, como es la occidental, donde los valores de éxito y realización personal, radican en el materialismo, es sumamente grato, inspirador, y alentador, confirmar que existen individuos que pueden hacer de las injusticias de la pobreza su base dignificante de transformación social, inspiración y goce espiritual.

Si alguien tuvo como un enemigo acérrimo a la pobreza, ese fue el Gabo, quien tuvo que vivir en la habitación de un prostíbulo, vender botellas y cantar rancheras en Paris para sobrevivir, cuando se vio privado de los recursos que no le llegaban por concepto de ser corresponsal del diario colombiano El Espectador, que había sido clausurado por la Dictadura de Gustavo Rojas Pinillas.

De igual forma, resulta increíble pensar que al terminar de escribir Cien Años de Soledad, luego de varios meses de privaciones económicas, en donde su esposa Mercedes había agotado los 5 mil dólares con los que debía manejar la economía doméstica, tuvieron que empeñar el secador de pelos, la batidora y la estufa, para poder hacer el envío de los manuscritos de su magna obra.

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